Si llegaste a este artículo, seguro es porque te encuentras inquieto o preocupado ante algunas señales que estás viendo en tu hijo y que quieres corregir. Tenemos tres puntos de partida para apoyarte en los métodos educativos de tu hijo cuando tu frase sea: ¡mi hijo no quiere estudiar!

¿No le gusta el colegio?

La velocidad con la que va el mundo, pero sobre todo los patrones e indicadores que se han impuesto (nos han impuesto), nos obligan a reevaluar constantemente sobre lo que debemos hacer, cómo y cuándo hacerlo. El sistema educativo se ha enfocado en desarrollar ciertas habilidades dejando de lado destrezas o aptitudes diferentes a las comunes y que podrían explorar con más facilidad algunos niños. Esto quiere decir que la mayoría de las veces el sistema se enfoca en mejorar debilidades y no en potenciar fortalezas, generando en los niños etiquetas como “el mejor matemático”, “el que es malo para el inglés”, “el peor en ciencias”, y escalando de mayor a menor importancia las materias del colegio, estableciendo erróneamente pautas de conocimiento y dejando de lado verdaderos talentos. Hipotéticamente, podríamos ser buenos en deportes o áreas que nunca pudimos practicar y tener habilidades ocultas, pero no haberlas desarrollado. Detectar sus habilidades, potenciarlas y a través de ellas mostrarles un camino diferente, resulta clave para que los niños puedan aprender.

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Reconocer sus aptitudes y fortalezas

Empecemos con una frase que nos gusta mucho del punto anterior y que queremos reforzar: el sistema se enfoca en mejorar debilidades y no en potenciar fortalezas. La metodología de estudio debería estar basada en lo anterior. “Hablarle al niño en un idioma que reconozca” o que le parezca atractivo, lo motivará a aprender acerca de un tema, cualquiera que sea. Atrás quedó la metodología basada solo en dar información destacando datos. Actualmente Internet nos brinda toda esa información. Así que el papel de un educador o docente y de los padres, es proporcionarle esta información de una forma divertida, evitando que el estudiante sea un oyente pasivo (UNESCO). Según Stella Vosniadou, en su investigación para la UNESCO, asegura que los niños aprenden mejor cuando sus diferencias individuales se tienen en cuenta.

 

Aplicar lo aprendido a la vida cotidiana

Durante la etapa escolar una de las materias que menos receptividad tiene entre los estudiantes es el inglés. La razón es que las metodologías de educación no son personalizadas y no se adaptan a la vida diaria de cada estudiante. Escoger un centro de idiomas que cumpla con los puntos anteriores no es nada fácil, pero ya existen y se han convertido en la mejor ayuda, pues los niños han encontrado el punto de equilibrio entre la diversión y el aprendizaje, sobre todo en un área tan necesaria hoy en día: el inglés o una segunda lengua.

 


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